Barlovento: una masacre que no podemos olvidar


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Como duele la muerte…como duele perder a un hijo, un hermano, un padre, un esposo. Este dolor invade profundamente los corazones, el alma, el cuerpo, la mente de quienes han perdido, a quienes le han arrebatado la posibilidad de pensar y vivir en futuro, a quienes se les ha derrumbado el proyecto de vida, a quienes se les ha dejado un vacío muy hondo.

Esta es la realidad de las madres, las esposas, los hermanos y los hijos de 12 jóvenes que fueron detenidos desaparecidos el 15 de octubre de 2016 en varios sectores del Municipio Acevedo del estado Miranda por un grupo de funcionarios del Ejército Nacional y que luego de un mes y medio fueron hallados sus cuerpos en una zona montañosa (sector Aragüita y sector El Café) de Barlovento. A Carlos Gabriel Marchena Silva, Eliecer Ramírez, Anthony Vargas, Antonio Miguen Aladejo, Luis Alirio Sanz, Dennys Acevedo, Oscar Rodríguez, Yorman Mejias, Freddy Hernández, Kendri González, Víctor Manuel Martínez y Jairo Rivas le arrebataron la vida y los sueños.

Y uno se pregunta ¿es posible reconstruir la vida luego de un hecho traumático que genera tanto sufrimiento?, ¿cómo afrontar el dolor y continuar viviendo?, ¿la tristeza pasará y la persona podrá recuperarse?

Sólo el hecho de la pérdida genera cambios temporales y permanentes psicológicos, conductuales y emocionales en el familiar que vive el duelo. Sumado a esto, la indignación frente al abuso de poder, la rabia por la violencia ejercida, la frustración ante la burla y el regodeo del sistema militar y judicial agravan el cuadro psicológico y social posterior a la muerte del ser querido y hacen que el proceso de recuperación sea más cuesta arriba.

La palabra y el duelo

Desde la Red de Apoyo, hemos evidenciado que el uso de la palabra posibilita elaborar los duelos que no habían podido ser procesados por las víctimas y sus familiares. También facilita reconstruir los proyectos de vida quebrados por el evento traumático vivido y la recuperación, en muchos casos, del sentido de vida. Esta última afirmación parte del enfoque sobre el cual la Red de Apoyo centra y fundamenta su intervención psicológica: la logoterapia de Viktor Frankl.

La logoterapia “se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre” (Frankl, 1979; 120). Es una terapia de enfoque existencial, es positiva, usa los recursos del espíritu humano y está orientada hacia el futuro.

En la experiencia de nuestra organización, después de la muerte, los familiares de víctimas asumen como sentido vital la búsqueda de justicia. Concentran su pensamiento, acción y emoción en esta tarea, dándole un significado trascendente. Y en algunos casos, en el camino que transitan para el logro de justicia redimensionan su dolor y asumen una actitud positiva para que aquello que ocurrió injustamente no vuelva a suceder. De esta forma, pasan de la inmovilización a la movilización, de una actitud pasiva y pesimista a una actitud de activismo, de optimismo, de esperanza, por lograr que no sólo ellos mismos sino otros en su misma condición de víctimas, tengan una vida digna, sin más muertes violentas e injustas. Pero, sobre todo, para que otras familias no pasen por el mismo dolor y sufrimiento y nunca más haya hogares afectados por la violencia policial o militar.

Mujeres fortalecidas

Las madres y esposas de estos 12 chicos han creado una fuerza potente que las impulsa a seguir en la lucha, en la búsqueda de justicia. Saber qué pasó, por qué los asesinaron, lograr sanciones contra los responsables y alcanzar que el daño ocasionado sea reparado es parte de las aspiraciones de estas mujeres. La red de apoyo mutuo que han propiciado entre ellas, el acompañamiento de grupos como las organizaciones de derechos humanos o colectivos de víctimas y familiares, son dos pilares fundamentales que hacen que el camino emprendido sea más fácil y más liviano.

En la Red de Apoyo, hemos procurado que las personas afectadas que acompañamos tengan la oportunidad de dialogar para que a través de la palabra se descubran como sujetos con poder y se reconstituyan desde la experiencia dolorosa que les cambió la vida. Las familiares de víctimas de la Masacre de Barlovento se han pronunciado públicamente a través del testimonio de dolor y lucha, declaran ante los medios de comunicación, participan en actividades de calle, dialogan con las autoridades gubernamentales. Al narrar sus experiencias y pronunciándose sobre lo que pasó, mantienen viva en la memoria histórica colectiva y popular las violaciones de derechos humanos; para que la sociedad y el Estado comprendan que no podemos dejar en el olvido el dolor y sufrimiento de un pueblo.

Por ello, decimos junto a estas mujeres valientes este 25 de noviembre y todos los siguientes cuando se conmemora la aparición sin vida de los 12 jóvenes desaparecidos,

¡Prohibido olvidar a Barlovento y su pueblo!

Referencias bibliográficas:

Frankl, V. (1979). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial. Barcelona.

Artículo de Opinión: Diana González Mendoza /  @diana15g

Publicado en Correo del Orinoco

 

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