Sin armas lograremos la paz


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La paz y la seguridad constituyen objetivos en conjunto con el desarrollo humano y sostenible, pues sin paz y seguridad no puede haber desarrollo y respeto de los derechos humanos. Hablar de desarme en el mundo nos permitiría conocer que se podría generar gran cantidad de recursos económicos para estos logros a favor de la humanidad y que la paz y seguridad reinaría por completo. Esto, puede hacerse realidad si los Estados tienen la voluntad de generar políticas efectivas en la materia y así controlar las armas en su totalidad.

Normas y declaraciones internacionales

La Declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas relativa al Derecho de los Pueblos a la Paz, adoptada mediante la Resolución 39/11, de 12 de noviembre de 1984, resulta ser una de las declaraciones más breves de las Naciones Unidas y en ella se subraya el estrecho vínculo entre la paz y los derechos humanos, constituyendo un precedente relevante de la posterior Declaración sobre el Derecho al Desarrollo (DDD), adoptada el 4 de diciembre de 1986, mediante la Resolución 41/128. La DDD, por su parte, considera en su preámbulo que “la paz y la seguridad internacionales son elementos esenciales para la realización del derecho al desarrollo” y, por esta razón, dispone en su artículo 7 que: “todos los Estados deben promover el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales y, con ese fin, deben hacer cuanto esté en su poder por lograr el desarme general y completo bajo un control internacional eficaz, así como lograr que los recursos liberados con medidas efectivas de desarme se utilicen para el desarrollo global, en particular de los países en desarrollo”.

En la Consulta Global sobre el Derecho al Desarrollo, celebrada en Ginebra en 1989, se puso de manifiesto que fortalecer la cooperación multilateral y facilitar el establecimiento de una sociedad internacional equitativa y equilibrada es del interés de todas las naciones (párrafo 55), dado que las desigualdades dentro y entre las naciones originan numerosos conflictos y tensiones (párrafo 52). A este respecto, las Naciones Unidas tienen una especial responsabilidad, pues su Carta fundacional establece claramente el estrecho vínculo entre la paz y la seguridad, por un lado, y el desarrollo económico y el progreso social, por otro. De ahí que la seguridad en el mundo no puede garantizarse sin unas relaciones económicas equilibradas, equitativas y justas entre los Estados (párrafo 56). Por estas razones, la paz, la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos son interdependientes: la realización de los derechos humanos a través de un proceso de desarrollo resulta crucial para la estabilidad nacional y la promoción de la paz y seguridad internacionales (párrafo 159).  Con todo esto, se puede resaltar el relevante papel que desempeña el sistema de las Naciones Unidas y que se destaca en la Declaración y Programa de Acción de Viena de 1993, fruto de la II Conferencia Internacional de los Derechos Humanos, celebrada en dicha ciudad, al señalar que:

“Los esfuerzos del sistema de las Naciones Unidas por lograr el respeto universal y la observancia de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos contribuyen a la estabilidad y el bienestar necesarios para que haya relaciones de paz y amistad entre las naciones y para que mejoren las condiciones para la paz y la seguridad, así como para el desarrollo económico y social, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas” (párrafo I.6).

Por lo tanto, es necesario generar un clima de paz y confianza entre las naciones del mundo, basado en un diálogo permanente, respetuoso y constructivo, mediante el cual todas las naciones puedan resolver pacíficamente sus controversias. Este clima de paz es de particular importancia ya que los conflictos armados suelen ser causa, tanto directa como indirectamente, de violaciones masivas de los derechos humanos. Los Estados, y en especial los más poderosos militarmente, deben promover el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales, por lo que deben hacer todo lo posible por lograr el progresivo desarme bajo control internacional, con objeto de liberar recursos hacia la aplicación del derecho al desarrollo.

En Venezuela se debe lograr el desarme y la paz

La Red de Apoyo de Justicia y Paz recientemente publicó un informe titulado:  Balance de la Política pública de Control de Armas, Municiones y Desarme, una investigación que analiza los principales avances y nudos problemáticos (tanto de diseño como de ejecución y de efectos) de la política de control de armas, municiones y desarme, diseñada en el país a partir del año 2011, con el fin de elaborar recomendaciones orientadas a su reimpulso y cualificación. Para la organización es propicio que se adecúe la Ley y que se instale un sistema de marcaje de municiones, que permita su individualización, se realicen planes, programas y campañas de prevención, que articulen a la ciudadanía.

La paz es un derecho y debemos exigirlo

En la semana Internacional de la Ciencia y la Paz recordamos el derecho que tenemos a la paz y que este debe incluir, asimismo, el derecho de los pueblos y de los individuos al desarme y a que los cuantiosos recursos se pueden desviar hacia fines humanitarios y sociales. El control de armamentos, incluida la prohibición de las armas de destrucción masiva, implica la adopción de medidas políticas y económicas efectivas que controlen en realidad las armas y reduzcan progresivamente la producción y el tráfico de armas. El derecho a la paz no debe reducirse únicamente a la ausencia de guerra, sino que debe incluir el derecho a oponerse a la guerra como método de resolución de conflictos y, por esta razón, podamos solicitar y obtener la verdadera paz.

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Artículo de opinión publicado en Correo del Orinoco 

Editorial Red de Apoyo

Email: redapoyojusticiaypaz@gmail.com

 

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